Armamento de la Primera Guerra Mundial

La Primera Guerra Mundial, impulsada por la Revolución Industrial y tendencias imperialistas, se caracterizó por el implemento de armas de gran poder. El papel de estas armas, aparte de causar bajas en líneas enemigas, se centraba en la competencia de poder.

En poco tiempo se diseñaron y crearon armas desconocidas hasta entonces y se perfeccionaron las empleadas en conflictos precedentes. Junto a éstas pervivió la tradición, evidenciada en el manejo de medios de transporte antiguos (caballerías) o el empleo de armas blancas como la bayoneta, útil en la lucha cuerpo a cuerpo en las trincheras. Tras una primera fase de movimientos el conflicto evolucionó hacia la estabilización de los frentes dispuestos a lo largo de fosas excavadas en la tierra y túneles blindados de hormigón. Es la denominada “guerra de trincheras” que dejó inmovilizados a millones de combatientes enfrascados durante meses en una lucha de desgaste que aunaba un alto índice de bajas y una profunda desmoralización.

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El empleo de alambradas con espinos, armas químicas, ametralladoras y artillería de grueso calibre dejaba desvalida a la infantería en los ataques a las líneas enemigas.

Con frecuencia cundió el desánimo entre los combatientes, hecho que se tradujo en numerosos motines que los estados mayores abortaron empleando drásticas medidas represivas. Para contrarrestar la desmoralización causada por este tipo de guerra se empleó de forma masiva y sistemática la propaganda militar.

Entre las nuevas innovaciones destacaron:

EL CARRO DE COMBATE

Lo emplearon los británicos por primera vez en 1916 durante la ofensiva del Somme, pero fue infrautilizado durante el conflicto por su escasa maniobrabilidad y por el desacertado manejo en unidades aisladas frente a las grandes agrupaciones de la Segunda Guerra Mundial.

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Su función se vio reducida a mero apoyo de la infantería o destrucción de trincheras.

LAS ARMAS QUÍMICAS

Prohibidas expresamente en la Conferencia de la Haya de 1899, los alemanes fueron pioneros en su uso. Sin embargo, tras ser empleadas inicialmente, su importancia bélica se redujo significativamente, pues el desarrollo de máscaras protectoras, minimizó en gran medida el efecto tóxico de los gases.Imagen

Por otra parte la utilización de estas armas no estuvo exenta de riesgos para los propios ejércitos atacantes, dados los impredecibles cambios en la dirección del viento. Estos gases iban desde los lacrimogenos hasta los gases incapacintantes como el gas mostaza o  los letales como el fosgeno.

EL SUBMARINO

Los alemanes, con una marina de superficie en desventaja respecto a la británica, emplearon intensivamente el submarino, causando grandes pérdidas, tanto entre los buques de guerra como entre los mercantes, ya perteneciesen a países beligerantes o a neutrales. Una de las razones que empujó a los Estados Unidos a su incorporación a la guerra fue el hundimiento de varios de sus buques por submarinos alemanes.

Es la suerte que corrió el famoso trasatlántico británico Lusitania que hacía el trayecto de Nueva York a Liverpool, hundido el 7 de mayo de 1915 en la costa irlandesa y a causa del cual perdieron la vida 1198 personas de las que 124 eran norteamericanos.

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A partir de mediados del 1917 el empleo de cargas de profundidad, campos de minas, barreras de redes, junto a la utilización de mecanismos de detección submarina y la organización en convoyes escoltados por naves de guerra, disminuyeron la efectividad de los sumergibles alemanes.

EL AVIÓN Y GLOBOS DIRIGIBLES

Los dirigibles fueron utilizados por los alemanes. Los aeroplanos tendrían reservado un papel estelar en la segunda contienda mundial. Las tareas que ejercieron durante ésta fueron fundamentalmente de reconocimiento, ataque a la retaguardia, lanzamiento de bombas sobre trincheras o combate en formaciones de caza.

Aviones formados para la Primera Guerra Mundial.

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Imagen Imagen de un Zeppelin.

GRANADAS

La Stielhandgranate Modelo 24 (En español: granada de mango) fue la granada de mano estándar del ejército alemán en las dos guerras mundiales. Su muy distintiva apariencia la condujo a ser apodada granada varita o aplastador de patatas en el argot militar británico, siendo hoy en día una de las granadas de mano más fácilmente reconocibles del siglo XX.

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La granada de mango fue introducida en 1915 y el diseño se desarrolló en la Primera Guerra Mundial. Usaba un detonador a fricción. Este método era poco común en otros países, pero ampliamente usado en las granadas alemanas.

La granada se componía de un mango hueco con un detonador y una cabeza explosiva en un extremo. Dentro del mango hueco, una cuerda con una bola de porcelana iba atada al detonador. La cuerda se mantenía en su lugar por una tapa desmontable en la base. Para usar la granada se desenroscaba la tapa de la base, permitiendo a la bola y a la cuerda caer. Al tirar de la cuerda, ésta arrastraba una varilla de acero a través del detonador, causando que se enciendiese y comienzase la pre-detonación de cinco segundos. Esto permitía que la granada se colgase en vallas disuadiendo de su escalada; cualquier perturbación a la granada colgante haría que cayera y detonara.

Las primeras granadas de mango llevaban la cuerda al descubierto, saliendo del mango cerca de la base (en lugar de ir dentro de éste, cubierta por la tapa desmontable de la base). Esto causó que las cuerdas tuvieran tendencia a enredarse y accionar las granadas cuando los soldados alemanes las llevaban encima, causando heridas severas (y habitualmente fatales).

Las granadas de mango se almacenaban en estuches de madera (más tarde de metal) y se les colocaba el sistema detonador antes de acudir al combate. Dentro de la tapa del estuche se hallaba el siguiente recordatorio: “Vor gebrauch sprengkaspel einsetzen”, (en español: insertar el detonador antes de usar).

Este tipo de granada, que incluye una carga de explosivo de alta potencia contenida en una lata delgada de acero, es un ejemplo de granada ofensiva (que produce daños por la onda expansiva) antes que defensiva (que produce daños por las esquirlas de su carcasa). En 1942 se instaló una manga de malla de acero, la cual podía ser deslizada sobre la cabeza de la granada. Los fragmentos de la manga eran esparcidos en la detonación, haciendo a la granada más efectiva contra los soldados. El mango proveía una palanca que aumentaba la distancia de lanzamiento. La granada Modelo 24 podía ser arrojada a una distancia de 24 metros, mientras que los británicos podían arrojar sus granadas a unos 12 metros. El diseño también minimizó el riesgo de que la granada rodase cuesta abajo cuando se usaba contra una colina, un parapeto o en zonas urbanas. Pero su mayor tamaño también las hacía más difíciles de transportar.

Estas granadas eran extremadamente útiles para despejar posiciones de infantería en las trincheras, aunque no eran efectivas contra vehículos blindados y fortificaciones. Se podía aumentar el poder destructivo de una granada, atando 6 cabezas explosivas sin mango alrededor de la cabeza de esta. Estas fueron conocidas como Gebalte Ladung (literalemte “cargas concentradas”, en alemán).

LANZALLAMAS PORTÁTIL

Los lanzallamas modernos tienen su origen en la guerra de trincheras desarrollada durante la Primera Guerra Mundial. Tuvieron su consagración como arma de guerra moderna durante la Segunda Guerra Mundial, en la que el ejército alemán ya los montaba en los tanques Panzer II Flamm y Flammpanzer III, y también en tanques franceses Char B1 modificados (cuyo nombre oficial era PanzerKampfwagen B2 (F)). Más tarde los británicos y canadienses desplegaron desde 1944 unidades blindadas lanzallamas en combinación con unidades de infantería. Las primeras versiones de estos primitivos tanques lanzallamas fueron el Badger (Tejón) (un tanque prototipo utilizado en Normandía) y el Oke, utilizado en Dieppe. El más popular de todos ellos fue el Churchill Cocodrilo.

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Entre las armas ya experimentadas hay que citar:

LA AMETRALLADORA

Empleada en conflictos anteriores (Guerra de Secesión americana) se perfeccionó con la introducción del modelo Maxim.

Más tarde se fabricó el modelo Browning, el más utilizado. Fue un arma que destacó por su gran efectividad en la lucha defensiva de trincheras, al ser capaz de frenar y destruir con facilidad grandes formaciones de atacantes.

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LA ARTILLERIA

Su calibre y precisión fueron incrementándose a lo largo del conflicto hasta llegarse a fabricar en ciertos casos máquinas gigantescas. Se utilizó como apoyo a la infantería y frecuentemente se agrupó en grandes concentraciones con el fin de romper las líneas de trincheras. Como novedad destacó el cañón antiaéreo. Para la lucha cercana se crearon toda una serie de armas ligeras como el lanzagranadas, el mortero o el lanzallamas.

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EL ACORAZADO

 

Las grandes formaciones de acorazados marcaron la pauta en la guerra de superficie. Se trataba de buques de gran tonelaje y fuerte blindaje dotados de artillería de grueso calibre. Si bien los alemanes hicieron todo lo posible por emular la potencia de fuego de la marina británica, a la postre dedicaron sus mayores esfuerzos a desarrollar el arma submarina que asestó hasta 1917 duros golpes a la navegación de superficie.

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EL FUSIL

Se empleó masivamente y evolucionó hacia modelos cada vez más perfeccionados y adaptados a la guerra de trincheras donde fue acompañado como complemento indispensable por la bayoneta.

Vídeo sobre la tecnología de la Primera Guerra Mundial

Bibliografía

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